miércoles, 8 de marzo de 2017

Perdido - Parte 1:


Introducción:

Esta es la primera parte de algo que podría resultar intrigante, sorprendente y misterioso, algo que a todos nos encanta leer de vez en cuando, ¿verdad? Fabio y yo os traemos una conversación mediante teléfono móvil entre dos personas que no se conocen en absoluto; una de ellas, debe guiar a la que está perdida en ese lugar donde ha despertado y sin tener idea de lo que ha podido ocurrir a su alrededor. La guía está algo temerosa por lo que le pueda ocurrir a ese joven que pasea por esos lugares nuevos para sus ojos, intrigada por lo que pueda encontrar y angustiada por si ese lugar fuera el último que él vería, así que, elige estar pegada al teléfono en todo momento. ¿Haríais lo mismo?

Aquí os lo dejo, que lo disfrutéis, lectores:



- Hola ¿Hay alguien ahí?
 - ¿Quién eres?

- No sé dónde estoy, ¿puedes ayudarme a salir?

- ¿Qué es lo que ves a tu alrededor?

- Muros. Estoy en un enorme pasillo de ladrillos rojizos, con unas tenues luces desnudas enganchadas al techo por un simple cable eléctrico. Al final del camino solo hay oscuridad, ¿Debería seguir?
- Sí, puedo ayudarte a salir.
- ¿Puedes ayudarme? ¿Es que conoces el sitio?
- Mira hacia atrás, ¿qué ves?
- De acuerdo, dame un momento. Hay una puerta de metal oxidada, no se abre, parece que está atascada.
- ¿No tienes nada a mano que puedas usar para abrirla?
- Aparte del móvil que tengo en la mano, no tengo nada más, ni mi cartera. Un momento. Tengo una llave en el bolsillo del pantalón, pero es muy pequeña, no creo que abra esta puerta.

- Sigue hacia adelante, quizá encuentres algo que pueda ayudarte.

- De acuerdo, no veo más opciones. He llegado a una bifurcación. El pasillo de la derecha baja y me trae el olor del mar, por el de la izquierda se ve una luz al final, ¿qué camino debería elegir?

- Ve por la izquierda, es el que me da más confianza.
- Bien, no me gustaba el otro camino, las paredes estaban húmedas y verdosas. Este camino es más cálido en cambio, cuanto más me acerco a la luz, más calor hace, ¿Debería seguir?

- Claro, aunque hazlo con cuidado. No sabemos con qué puedes encontrarte al llegar al final de ese camino.

- El pasillo da a una habitación. En el centro hay una enorme hoguera, de ahí proviene la luz y el calor, hay una mesa y una silla en una esquina, encima de la misma hay un plato con comida; en el lado opuesto, hay un armero de madera con unas pocas armas, desde la entrada no lo puedo ver bien, creo que me acercaré a ver si puedo conseguir algo con lo que defenderme, aunque ver la comida me ha recordado que tengo hambre, no sé qué hacer.

- No sabemos de dónde ha salido la comida ni qué podría contener, no te aconsejo que comas, quizá alguien lo ha puesto ahí a propósito. En cambio, coge algunas armas, podrían servirte de ayuda en un momento dado. ¿En la habitación ves algo más de utilidad?

- La hoguera me impide una mayor visibilidad, cuando entre podre ver más cosas. Acabo de llegar al armero y solo hay una espada sin filo, pero lo bastante pesada como para poder romper algún hueso, me la llevo. Ahora puedo ver un poco más de la habitación. Hay una puerta de madera y a su lado un enorme armario, el calor de la hoguera me está dando sueño y no sé por qué presiento que no sería un buen momento para dormirme, debería salir de aquí, aunque el armario me intriga, ¿Y si hay algo interesante dentro?

- Abre el armario poco a poco, quizá haya algo o alguien detrás. Sé cauto.

- Vaya, es un buen armario, grande y resistente, pero parece un poco quemado. Voy a abrirlo... Hostia puta, ¡qué susto!

- ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

Si, tranquila. Espera que me baje un poco el pulso. Había un muerto dentro del armario, casi se me cae encima. Dentro del armario no hay nada más, solo estaba el cadáver, ¿lo registro?

- Sí, podría tener algo que pudieras usar en los bolsillos de los pantalones o en la chaqueta, si lleva. Coge todo lo que puedas, a él ya no creo que le importe demasiado. El hecho de que haya un cadáver en ese lugar, me inquieta…

- Muy bien. ¡Qué mal huele señor! La ventaja es que el calor lo ha momificado pero la muerte que tuvo no tiene pinta de haber sido agradable, lo han vaciado por completo, no tiene ningún órgano interno. Bueno, pues lleva encima un mechero, una hoja de papel y una botellita de algo, parece cerveza pero el tapón esta lacrado con cera, me lo llevo todo y salgo ya de aquí, si paso un par de minutos más, me desmayaré.

- Respira profundamente, no dejes que todo ésto te domine. Además, no creo que éste sea buen momento para desmayarse, así que, busca una salida y lárgate de ahí, que haya un cadáver en esa habitación no inspira confianza.
- Soy ex marine, sé controlarme, pero el calor de la hoguera es demasiado fuerte, saldré por la puerta que está al lado del armario. Vaya, escaleras de caracol, ¿subo o bajo?

- ¿Notas algún olor en particular?

- A parte del de la madera ardiendo que tengo detrás, no. Espera, escucho algo pero no sé si viene de arriba o de abajo, voy a asomarme un poco. No veo una mierda, no hay luces ni para subir ni para bajar, creo que debería coger un madero de la hoguera y usarlo como antorcha, ¿que te parece la idea?

- Me parece bien, pero ve con cuidado.

- Ya la tengo, ¿qué hago, bajo o subo? Un momento, oigo pasos, vienen de abajo. ¿Me espero a ver si es otra persona o subo las escaleras?

- Esperarte sería arriesgado, quizá sea el que le sacó los órganos al cadáver. Sube las escaleras y escóndete.

- Muy bien. Llevo lo que parece una hora subiendo y ésto no termina, me noto las piernas cansadas, pero ya no escucho los pasos, creo que voy a descansar un poco antes de seguir.

- Me parece bien, llevas un rato caminando. Intenta buscar un lugar recogido donde nadie pueda descubrirte y descansa, sí.

- He llegado a una especie de rellano, hay un balcón y una puerta de madera maciza. Por el balcón entra una corriente de aire fresco, creo que voy a asomarme para despejarme un poco, aún estoy un poco mareado por el calor de la hoguera, ¿que opinas?

- Muy bien, pero recuerda que no deberían descubrirte.

- Iré con cuidado. ¿Dónde diablos estoy? No se parece en nada a mi ciudad, ni a ninguna que haya conocido, ¿qué está pasando aquí?

- ¿Podrías describirme exactamente lo que ves?

- Un bosque y montañas recortadas sobre un cielo rojo, no parece la tierra, está todo muy oscuro y no puedo ver mucho más, pero oigo voces, parecen de personas, pero no suenan como tales. ¿Qué demonios está pasando? Espera, vuelvo a oír los pasos y no me da tiempo a escapar, debo enfrentarme a lo que sea que sube.

- Deberías escapar, podría ser cualquier cosa...

                                                                                  
¿Deseáis que continúe?

                                                                                   Escrito por: © Fabio Nunes Batista
© Laura Perelló Sanz.

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lunes, 27 de febrero de 2017

TAG: Canciones

Muy buenas gente, después de tanto tiempo sin publicar y con muchos borradores en mi haber, he decidido hacer este TAG de canciones, solo para que me conozcáis un poco mas, debéis saber que me encanta el heavy metal, el reggae y algunas cosas más, disfrutad gente.


1. CANCIÓN FAVORITA: Dentro del metal hay muchos estilos pero el que a mi en verdad me apasiona es el Black Metal, por eso mi canción favorita es: "Her Ghost in the Fog" (Su fantasma en la niebla) del grupo Cradle of Filth.





Aquí os dejo el enlace por si tenéis curiosidad.

Esta canción marco un antes y un después en mi vida, bueno en realidad fue todo el disco, que es simplemente brutal, pero gracias a este grupo me sumergí en las vertientes mas brutales del metal. Que decir de la canción, una instrumental sublime y su cantante es simplemente increíble, con todos esos cambios vocales, recomendadísima.

2. CANCIÓN QUE MAS ODIO: Bueno no es una canción en realidad es un estilo, el Reggaeton, lo siento por si alguno de mis lectores les gusta pero no lo soporto, es superior a mi, yo os respeto por escuchar ese estilo, pero también os pido que respetéis mis gustos, gracias.

3. CANCIÓN QUE TE PONE TRISTE: En realidad ninguna canción me pone triste, pero si tuviera que elegir una seria esta: "Lejos de Ti" de Saratoga.


Aquí el enlace.

Esa intensidad en la letra, ese dolor que transmite, esa pena por estar lejos de la persona que amas, es todo tan doloroso y esta canción así te lo demuestra, una letra preciosa, una buena voz y una mejor instrumental, no puedo decir nada mas, si queréis saber de que hablo mejor escuchadla.

4. CANCIÓN QUE TE RECUERDA A ALGUIEN: En realidad aquí no es una canción, es un grupo Slipknot. Grupo que llegue a aborrecer pero que gracias a esa personita tan especial me ha vuelto a gustar, y como son tantas las canciones que me recuerdan a ella y tengo que elegir una elegiré la mas famosa, "People = Shit".


Aquí el enlace a la canción.

He decir que este grupo tiene temazos, pero esa persona tan especial para mi sabe mas que yo sobre el grupo, gracias pequeña por volver a hacer que me guste.

5. CANCION QUE TE PONE FELIZ: Mmmmm esto es dificil, cancion que me hace feliz, veamos aquí sería algo reggae, algo como el grupo Stony Skunk y su canción "Ragga Muffin".


Aquí el enlace a la canción.

Reggae coreano, creo, te mete el buen rollo en el cuerpo y te dan ganas de bailar, cuando me encuentro chof esta es la cancion que suelo escuchar, os la recomiendo encarecidamente.

6. CANCIÓN QUE TE RECUERDA A UN MOMENTO ESPECÍFICO: Aquí no va una cancion va un grupo y su disco, The Offsping y el disco fue el segundo que sacaron Smash y de ese disco elegiría la cancion "Self Esteem".


Aquí el vídeo

Debo decir que fue con este grupo donde me metí de lleno en el metal, si lo se es punk rock americano y que, hay que empezar de alguna forma y yo tendría 18 años mas o menos no lo recuerdo, de lo que si que me acuerdo de de que queme la cinta de tanto escucharla, cuando quiero recordar momentos escucho el disco, sigue siendo increíble.

7. CANCIÓN CUYA LETRA TE SABES PERFECTAMENTE: Mmmmm esto igual resulta ofensivo para algunos pero, yo tuve una época oscura, muy punk y una canción que me aprendí y aun recuerdo es la de Akto Vandaliko - "A Nuestra Querida Benemerita".


Aqui el enlace a la cancion

Época de borracheras y porros, fines de semana alcoholizados y cantando canciones a pleno pulmón por la noche, asqueado de la autoridad, la canción lo dice todo.

8. CANCIÓN QUE TE HAGA BAILAR AL INSTANTE: Llegamos a un punto complicado, yo no soy muy de bailar, pero si que hay una cancion que me hace moverme nada más empieza "Barbed Wired Metal" del grupo Elm Street.


El enlace a esta obra maestra moderna del metal.

Bueno a ver que decir de esta canción, potencia, ritmo, buena voz, lo tiene todo es un grandÍsimo temazo muy escuchable.

9. CANCIÓN QUE TE AYUDA A DORMIR: Bueno aquí llegamos al punto crítico, por que, yo me duermo con cualquier cosa, pero si tuviera que elegir me tiraría por el grupo Kambrium (lo he descubierto recientemente) y su cancion "Abyssal Streams".


Enlace a la canción.

La combinación de las voces, el ritmo de la música y su épica, es la nana del metal, hasta mi sobrino de dos añitos se duerme escuchándola, creo que con seo está todo dicho.

10. CANCIÓN QUE ESCUCHAS EN SECRETO: Jajajajajajaja esto va a ser divertido, esto es algo que no sabe nadie, ni mi pareja pero la canción que escucho en secreto es "Price Tag" de Jessy J.


Enlace para esta gran canción.

Lo primero que me gusta es que habla del dinero y del daño que nos hace, eso me llamo la atención, después de escucharla me encanto el ritmo y la voz de la cantante me termino de convencer, una gran cancion con un gran significado.

Y por ahora lo dejo por aqui, como todos sabeis el tag es mas largo pero yo no tengo mas tiempo para escribir, ire actualizando la entrada segun vayan pasando los dias, gracias por leernos y seguirnos, espor que lo encontreis interesante.


                                                                                   Escrito por: © Fabio Nunes Batista





sábado, 14 de enero de 2017

Alejados:



Te seguía con la mirada, preocupada por si estabas bien. Tan solo veía tristeza en tus ojos, la cabeza gacha denotaba que estabas bastante desanimado y falto de un hombro al que llorar debido a lo solitario que parecía este lugar a pesar de todas las personas que habían en él, tus labios finos no eran capaces de esbozar ninguna sonrisa, aunque hubiera venido a verte, aunque estuviera aquí para ti. Te sentaste enfrente y pusiste tus manos sobre tus rodillas, algo nervioso y tenso, no levantabas la mirada por nada del mundo, te conocía y sabía que sentías vergüenza y que no soportabas aquello que habías hecho, la culpa absorbía cada parte de tu ser y te estaba consumiendo.

- Eh... mírame - miré con aquellos ojos castaños que siempre pertenecieron a tus agradables sonrisas. El cansancio se vislumbraba en todas tus facciones, algo que esperaba, dadas las circunstancias - No tienes por qué esconderte de mí.

- Lo siento mucho - pude ver que estabas totalmente arrepentido por lo acontecido, comprendí que eras una víctima más de la sociedad -.

- ¿Cómo estás aquí? - te pregunté, te encogiste de hombros. Tenías un varios moratones en la cara, así que, por mucho que no dijeras nada, sabía que no lo estabas llevando muy bien - Sé que es una tontería preguntarlo, pero...

- Te preocupas, lo sé - te levantaste y te acercaste a mí con las esposas puestas, algo que me provocaba una tristeza embaucadora, me sentía echa polvo al verte encadenado de aquella manera -.

- Ven aquí - te abracé tan fuertemente como pude, pero los agentes que habían alrededor nos apartaron rápidamente, querían evitar cualquier paso de mercancía o de armas que pudieran pasar los presos, era entendible pero tan solo quería abrazar a la persona que más había querido, nada más -.

Te apartaron de mí con tanto ahínco que no pude hacer nada por evitarlo. Llevabas encarcelado unas dos semanas y ya empezaba a ser algo insoportable, nuestra casa estaba totalmente vacía, como es evidente, y tan solo podía ir de visita una vez al mes. Te condenaron a cinco años por haber sido engañado por tus compañeros al robar en una de las fincas más ricas del barrio, te dejaron a ti las bolsas con todo lo que habían sacado de la misma justo en el momento en el que apareció la policía. Esas personas no tuvieron en cuenta los daños colaterales de sus actos, ni siquiera tú imaginabas que los que llamabas amigos te traicionaran de aquella manera, era realmente injusto y terminamos pagando las consecuencias mientras ellos estaban de rositas en la calle.

Salí corriendo de allí una vez hubieron cerrado las rejas que separaban a los reclusos de la sala de visitas. Volvías a agachar la cabeza, estabas tan abrumado y necesario de supervivencia para permanecer en aquel lugar que no podía aguantar las lágrimas, salían a borbotes desde dentro de mí, no podía creer que aquella situación tan injusta nos persiguiera de esta manera. No podía creer que cada día que pasaba no pudiera verte al lado de la cama, cada vez al despertar estaba la habitación vacía y tu sonrisa desaparecía en el aire, intentaba hacerme a la idea pero era mucho más complicado de lo que parecía.

Fui hablándote en voz alta aunque no estuvieras, he llegado a pensar que me estoy volviendo totalmente loca. Nuestras fotos parecía que me hablaran, veía tus ojos en todas partes, soñaba que tu cuerpo se acercaba al mío y se fundía, con una necesidad imperiosa de tenernos por fin. Sabía que ésto pasaría en unos años, que volverías a mí, que tendría la oportunidad de abrazarte, besarte y tenerte conmigo hasta que se terminaran nuestros días, hasta que las estrellas del firmamento se apagaran. Necesitaba que todo volviera a la normalidad, que esta pesadilla fuera tan solo eso, una... 

- ¿Diga? - cogí el móvil nada más sonar, interrumpiendo mis pensamientos más profundos hacia ti. No esperaba la noticia -.

- ¿Es usted Rose Durmand? - asentí, no sabía de qué iba aquello, empezaba a preocuparme al oír aquella voz profunda y seria al otro lado del teléfono - Llevamos buscando a su marido durante horas, no está en ningún rincón de estas rejas y quiero saber si usted le ha visto.

- ¿Me está diciendo que se ha escapado de la cárcel? - estaba asombrada, no esperaba que ocurriera aquello. Sabía que estaba desesperado, pero no creía que fuese capaz de escapar -.

Mientras seguía hablando con aquel hombre que ni siquiera se identificó, oí la puerta de entrada, sonó fuertemente. Apareciste de repente, tu mirada se encontró con la mía y dejé caer el teléfono, no me importaba nada más que tenerte conmigo, justo como había querido durante estos horribles días de distancia obligada, de desesperación constante de no verte a mi lado cada vez que despertaba, de preocupación por no saber si estabas bien en aquel lugar del que saliste, el que te llevó hasta mí. No te pregunté nada, nos acercamos rápidamente el uno al otro y el beso que llevábamos tiempo aplazando debido a los agentes que nos apartaban constantemente en cada visita, nos fundimos como nunca antes, aquel había sido nuestro momento y mi sonrisa quedó colapsada por las luces de policía que había fuera.

- Tienes que esconderte - te dije rápidamente, no podía permitir que te encontraran ahora que te tenía conmigo por fin -.

- ¿Qué vas a decirles? - estabas tan desesperado que tus manos temblaban - No quiero meterte en ésto, no debería haber venido, necesitaba verte, yo...

- Solo... - te di un beso suave para tranquilizarte conforme escuché el timbre de la puerta sonar de forma bastante insistente, tenía que entretenerlos - Sal por detrás y procura que no te vean.

Por fin me hizo caso, así que, cuando lo vi salir por ella, me acerqué a la puerta lo más serena y tranquila de lo que fui capaz, fui a clases de interpretación cuando era pequeña, sabía mentir demasiado bien, estaba totalmente segura de que no notarían nada en absoluto. Al abrir, les miré de arriba a abajo, eran los típicos policías gordo y delgado, llevaban una linterna y las luces del coche parpadeando sin parar, llevaban el asunto con mucha seriedad, pero yo permanecía impasible masticando el chicle que me había puesto en la boca antes de abrir para meterme mejor en la situación y el personaje.

- Qué pasa - dije con total indiferencia, como si aquella intrusión ocurriera muy a menudo -.

- Evan Dolween se ha escapado de la prisión en la que estaba encarcelado, ¿usted es su novia o algo por el estilo? - me dijo el delgaducho, parecía ser el sabiondo, pero no iba a darle esa satisfacción -.

- Algo por el estilo - le dije, mostrando mi indiferencia de la misma forma que al principio, sin cambiar ni un ápice - No está aquí.

- Si pasa por aquí, avísenos, por favor - me dejaron una tarjeta para que les llamara en el caso de que viniera, no se creerían que lo haría, ¿verdad? -.

- Claro que sí - les cerré la puerta en las narices sin siquiera pensarlo -.

Me di la vuelta y me dirigí hacia el jardín de atrás, oí a los policías que gritaban tu nombre, me invadió la preocupación y salí corriendo hacia donde imaginé que estabas, esperaba que te hubieras ido lejos de nuestra casa pero no pudiste dejar de preocuparte por mí y te quedaste por los alrededores, uno de los peores errores que pudiste cometer. Vi cómo salías corriendo sin parar cuando te avisaron de que si no frenabas en seco te dispararían, me miraste y seguiste corriendo, preferías morir que seguir en aquel lugar, el beso que compartimos fue una despedida, muy dentro de ti lo sabías pero no querías preocuparme, siempre pensando en mí...

Dos disparos te traspasaron, grité tan fuerte que casi se me cortó la respiración, no podía ver cómo morías, no podía simplemente observar cómo el amor de mi vida se despedía de mí con una mirada templada y complaciente en la que me decías que me querías sin tan siquiera abrir la boca, siempre me transmitiste lo que sentías en tus adentros sin palabras, tan solo con gestos, con caricias y con una tranquilidad que iluminaba mi camino, ahora no sabía qué haría sin ti pero iba a permanecer en el lugar que durante mucho tiempo compartimos, manteniendo nuestros recuerdos muy presentes y a los policías que te dispararon en el punto de mira para castigarlos por llevarse lo más preciado que tenía en este mundo, sabrían lo que es una mujer cabreada cuando le arrebatan lo que más quiere.  


Escrito por: © Laura Perelló Sanz.

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jueves, 17 de noviembre de 2016

LA VIRGINIDAD SE PERDIO EN LA EDAD MEDIA

Bienvenidos a otra trepidante aventura de... perdón, la televisión hace mucho daño, jejeje.


Bienvenidos una vez más a este nuestro blog, hoy toca un poco de risas, y si el titulo de la entrada es para captar vuestra atención, esta puesto así a propósito. Vamos a ir con unas imágenes que merecen ser comentadas, por lo absurdas que son, adelante la primera.



Di que si, las casas se pintan a domicilio o no se pintan, tu imagínate la escena, llegas y preguntas perdone el presupuesto para pintar mi casa y que te digan "claro caballero díganos como es su casa y nosotros le preparamos el presupuesto y lo mas importante, vamos a su casa a pintársela".


Uuuuh que pasa ¿que hay pintores que utilizan poderes místicos para que las brochas pinten a distancia? Yo eso tengo que verlo, un momento voy a llamar a tooodos los pintores de las paginas amarillas a ver si alguno me pinta la casa sin venir a verla.




Fíjate tu que ahora ya no se necesita experiencia para trabajar, solo necesitan que seas mujer y obedezcas, esto me recuerda a la época franquista, o mejor aun a los musulmanes y sus leyes donde el rabo manda y la mujer siempre tiene que hacer lo que el rabo mande. Seria algo tal que así:


- Hola mujer.

- Hola mi amor.
- Quien te ha dado permiso para hablarme tan amorosamente - dice el rabo.
- Perdonadme esposo mio.


Bueno no sigo que ya sabemos que pasa luego, noticias en los periódicos, telediarios y símiles, con noticias tan interesantes como "Rabo mata a su mujer después de apuñalarla", "Rabo dice que fue ella la que se cayo encima del cuchillo", "La autopsia indica trescientas veinticinco puñaladas", "Joder si que se ensaño la mujer con el cuchillo" (esta ultima noticia es de un periódico controlado por rabos).




Si muy lógico, gracias por avisarnos, cada vez que vayamos a pasar por ese paso a nivel esperaremos una hora para estar seguros de que después de que pase el primero no estará un segundo agazapado detrás de los matorrales para atropellarnos en cuanto pisemos los raíles, seria algo así como un perro puñetero, se esconde y cuando pasas a su lado te ladra para asustarte, pero esto es mas grande que un perro y si te pita yo creo que lo único que ves es o a San Pedro mirando su libro de Vip´s o al tito Luci que te espera, lo dicho cuando vayáis a pasar esperad bien no sea que os asuste un tren graciosete.





Vaya por dios, ¿y si alguna sale mal?, nunca se sabe que fotocopia es la rebelde y en vez de fotocopiarse como un currículum, o una orden judicial ella sola se convierte en la fotocopia de un culo peludo y desagradable. Parece que en esta tienda las tienen bien enseñadas y salen todas iguales, pero yo temo que en realidad no son fotocopias si no clones de lo que tu llevas, pero la iglesia dijo que clonar era pecado, y estas fotocopias idénticas dan eso que pensar, no se que cada uno saque sus propias conclusiones.



Me ha quedado totalmente claro, muchas gracias por la información, lanzare el cadáver que llevo en el maletero un poco mas adelante, no vaya a ser que me denuncien por incumplir un cartel, señor el mundo no es normal...





Vaaaaale y que idiomas son esos en los que se habla es español, ¿el murciano? con sus picoesquina y sus esto que lo que eh, o el asturiano, el andaluz, el gallego, el vasco, diooooos que me lo explique el tío del cartel, yo solo conozco una forma de hablar español y es que se habla en España. Así que querido amigo si no te importa venir a decirme que idiomas hablas de español te lo agradecería y ya si me das clases entonces ya...




No a las criticas, no a los comentarios absurdos, no respires, no vivas, no vayas al baño, no salgas de tu casa, no, no, no... que facil es prohibir.




Ya veo lo que pone detrás, "cansado de ser gordo y feo? sea solo gordo, cirugía estética" no es mala táctica, un gimnasio y una clínica de cirugía estética juntos en un mano a mano, uno te convierte en un armario de siete puertas y en el otro te ponen la cara de George Clooney, pera que puedas comprar una Nespresso sin que te miren mal.





Y estos los he dejado para el final, a mi lo que me sorprende es el precio del periódico, eso de que mueran tres al ser asesinados es normal, si te matan te mueres, pero siete dolares, pesos o chapas de cerveza me da igual es mucho dinero, igual las hojas del periódico están hechas de himenes de vírgenes, es lo único que se me ocurre para tan disparatado precio...



Y la segunda no necesita ningún comentario no? bueno solo uno, ese gobierno admite que roba y te lo pone en cartelitos para que lo sepas y no te quejes, meeeh nos vamos a la mierda señoras y caballeros.



Y bueno aquí termina este momento de risas sin par, ya sabéis que nuestro correo esta al final del blog, podéis mandarnos lo que queráis que nosotros lo publicaremos con mucho gusto, un placer que nos leáis y a pasar un buen día.


Escrito por: © Fabio Nunes Batista

martes, 15 de noviembre de 2016

Sueños:



Los sueños nos pertenecen y son vivas imágenes de lo que deseamos con todas nuestras fuerzas, son cosas que queremos que ocurran, que terminen siendo parte de nuestras vidas y que lo que soñemos sea tan único como especial para nosotros y nuestro alrededor, lo que ocurre es que despertamos de nuestro letargo para encontrarnos con la desagradable realidad. Nos topamos con un montón de personas con sus teléfonos móviles hablando encarecidamente como si les fuera la vida en ello, otras hablando entre ellas con un entusiasmo sin igual y que no muestra esfuerzo alguno al hablar de sus cotilleos varios; también están los típicos que escupen al suelo o se pasan el día echándole el humo del tabaco a los demás sin remordimiento alguno, cosa que me repele.

Llamé a la puerta que estaba deseando llamar desde que me había levantado por la mañana, con ansias, entusiasmo y desesperación por lo que podría ocurrir, pero siempre siendo increíblemente positivo. La decepción fue aumentando conforme me daba cuenta de que nadie abría la puerta, así que, decidí sentarme en las escaleras de aquella joven, pero como esperaréis con lo que acabo de deciros, nunca llegó. Estaba tan contrariado como disgustado, siempre había estado observándola desde el otro lado de la calle, cómo bajaba aquellas escaleras con una elegancia que no había visto anteriormente quizá por los padres adinerados de los que había salido, con aquella sonrisa que solía dedicarle a la chica que solía recogerla con el coche para llevarla a clase con ella, sus cabellos castaños ondeando al viento y aquel cuerpo esbelto siempre adornado con las mejores tallas. Pensaréis que soy un mirón, un espía que no tiene derecho a meterse en la vida de los demás, pero algo me decía que aquella joven no era como las demás y desde ese momento decidí observarla para confirmarlo, a lo cual, no me equivoqué en absoluto.

No he sido una persona con mucho dinero, ni siquiera tengo un duro, pero lo único que digo es que es mucho más importante ser uno mismo que tener todo el dinero del mundo. Nada importa si no eres feliz, si no tienes a esa persona con la que compartirías tu vida a pesar de las dificultades y si no empatizas lo suficiente con los demás como para comprenderles. Pensaba que nada de aquello sería importante, soñaba con que las personas valoraran mucho más a alguien por quién es que por su dinero, pero me equivoqué de lleno, algo que solía ocurrir bastante últimamente. De hecho, esto lo comprendí al cruzarme con aquella joven unos meses después, resultó que cambió de domicilio, a un chalet mucho más grande que el que ya tenían, parecía que siempre les sobraba el dinero. Decidí probar suerte, quizá improvisar. Me giré y la llamé por su nombre.

- ¡Elissa! - se giró hacia donde yo me encontraba, contrariada -.

- ¿Cómo sabes mi nombre? - me preguntó, con aquella voz tan dulce y suave - No nos conocemos, que yo sepa.

- Bueno, tus vecinos me lo dijeron cuando vi que no estabas - su cara fue de completo horror, pensaba que la estaba acosando pero intenté remediar el error por todos los medios posibles - Una de mis cartas terminó en vuestro buzón, solo quería encontrarla y tuve que preguntar a vuestros vecinos, dado que, vosotros no estabais en casa, al parecer.

- Vaya, no sabía nada de esa historia - sonrió, parecía una joven de lo más tímida, algo que se podía ver perfectamente en sus ojos - Tengo que irme.

- Oye, mañana por la noche hay una función en la ciudad. Iba a ir solo, pero podrías acompañarme si... - no terminé la frase, me estaba analizando de arriba a abajo desde mis desaliñadas zapatillas hasta mi cabello algo enmarañado y deshecho debido a las prisas de aquella mañana -.

- Tengo planes, lo siento - salió corriendo, como si lo que le hubiera dicho le hubiera ofendido y me sentí bastante mal por ello, tampoco había sido mi intención -.

Durante los días que prosiguieron, me sentaba en una esquina para verla pasar con aquellos vestidos tan planchados y bien cuidados, sin manchas ni desgastes en las puntas, era una chica perfecta, a decir verdad pero estaba seguro de que ella no se había dado cuenta. Había intentado varias veces acercarme a ella, habiéndome vestido mucho más interesante, más moderno, incluso mucho más limpio de lo que suelo ir pero nada de eso funcionó, era algo difícil la mujer. Al menos, pensé algo mucho más inocente de lo que en realidad pasaba.

Ya no encontraba las palabras para dirigirme a ella, así que, me pasaba los días soñando con ir a tomarnos un helado y charlar de las tonterías que se acontencieran en ese momento, tampoco me interesaba mucho más en esos momentos, tan solo conocerla y pasar unos días con ella, darle la oportunidad de conocerme como nadie lo había hecho e intentar que las cosas fueran diferentes al menos para mí, que mis sueños pudiesen hacerse realidad por una vez en la vida, que tampoco era mucho pedir.

- Me gustaría saber por qué me rechazas de esta manera si ni siquiera me conoces - le espeté una noche nada más verla bajar las escaleras de su casa para tirar la basura. No parecía sorprendida ni asustada, era como si ya me hubiera visto otras veces esperándola fuera -.

- ¿De verdad quieres saberlo? - preguntó con un tono algo molesto, como si supiera que la respuesta no iba a gustarme. Asentí, por supuesto - Bien, resulta que los Adwell estáis en el nivel más bajo de la sociedad y yo soy una Dogtinni, estoy en las esferas más prometedoras y adineradas. Como comprenderás, no puedo estar con alguien como tú - volvió a mirarme de arriba a abajo con asco, algo que me sentó francamente mal seguido de aquellas palabras punzantes y con tan poco sentido del cariño, había sido demasiado cruel, tampoco me merecía aquellas palabras -.

- ¿Y desde cuándo la sociedad nos marca con quién deseamos estar? - le pregunté, más tranquilo que una pascua, quería que pensara por un momento en aquellas palabras que había espetado antes para que se diera cuenta de que nadie debe decirnos con quién o no debemos relacionarnos seamos ricos o pobres porque nada de eso importa -.

- Desde siempre, es una tradición - esta vez respondió con una voz más dudosa, e incluso, quebrada -.

- La riqueza no marca el que tengas que ir con personas ricas, ni el ser pobre el que vayas con personas pobres. Todos somos personas, tenemos sueños, metas que alcanzar y un montón de cosas por hacer, nadie es esclavo de esta sociedad para llevar a cabo este tipo de tradiciones absurdas - siguió mirándome con fiereza, no entendía la fuerza de mis palabras, ni siquiera la entonación que utilizaba, tenía la mente demasiado nublada como para ver la importancia de los sentimientos - Recuerda que somos humanos, no robots.

No esperaba volver a verla después de esta conversación, es más, soñaba cada noche con que apareciera de un momento a otro en la puerta de mi casa para mostrar algo de interés en un joven que hubiera dado todo por estar con ella. No sabría explicar lo que sentí al ver pasar los días y no encontrarla ante la puerta, el no volver a acercarme a aquel chalet donde aguardaba a que su amiga la recogiera y al no volver a ver aquellos cabellos castaños que me tenían tan enfrascado.

La realidad es esta, no podemos cambiarla por mucho que queramos. Lo que sí podemos hacer es soñar, aunque eso signifique dejar que otros nos atraviesen con una daga y te rechacen por ser una persona pobre. Jamás entenderé por qué la sociedad está tan ligada a tradiciones absurdas que ni ellos van a poder mantener en un futuro, dado que, sus hijos se irán modernizando y necesitarán otras cosas, al igual que la sociedad irá cambiando al mismo tiempo y pedirá nuevas cosas de las personas que la forman. Soñar es gratis, por supuesto, pero cuando se hace realidad termina siendo un regalo; quizá te pases años soñando para que un día aparezca esa persona y llame a tu puerta unos veinte años después para decirte aquello que esperabas, aquello que tus oídos anhelaban, aquellas voces que permanecían en tu cabeza y que te volvían totalmente loco.

- Siento molestarte a estas horas, pero vengo a decirte que tenías razón cuando me dijiste todo aquello hace unos años en el porche de mi casa - Elissa bajó la mirada, ahora con ojeras, con el cabello mucho más corto debido a la edad y las muchas arrugas que habían aparecido en su rostro - Lamento haberte rechazado en su día, pero no entendía qué estaba ocurriendo.

- Puedes pasar, si quieres - le ofrecí a aquella ya no tan joven mujer que poco sonreía, pero que era posible que pudiera conseguirlo - Lamento el desorden, pero mi hija ha traído a mis nietos y no han dejado de dar bandazos por aquí - sonrió algo incómoda -.

- Debería irme - estaba bastante inquieta, quizá se incomodó al hablar de mi hija y creería que estaba casado, pero ese barco ya zarpó hace mucho tiempo - Pareces...

- No estoy casado, ni mucho menos. Ella no era la mujer con la que quería compartir mi vida, tan solo estaba esperando a la adecuada - me miró tan fijamente que pensé que de un momento a otro alguno de los dos bajaría la mirada, pero no pudimos -.

A veces, la realidad está de tu parte, algo tarde pero te hace un favor cuando lo necesitas. Los sueños son realidades en nuestra imaginación, son imágenes que nos muestran quiénes queremos ser, en quién queremos convertirnos y cómo ha cambiado nuestro interior a lo largo de los años. Somos meros constructores de nuestras mentes, terminamos aprendiendo muchas de las cosas que nos hacen como somos y tenemos una imaginación que nadie pensaría anteriormente que podríamos tener. Soñamos con que salvamos el mundo, con que aprobamos el examen más difícil del semestre, e incluso, que la mujer con la que quisiste compartir tu vida desde hace tanto tiempo apareciera delante de tu puerta para decirte aquello que sentías desde el principio.

Soñemos y hagámoslo una realidad.


Escrito por: © Laura Perelló Sanz.

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viernes, 5 de agosto de 2016

Soldados

Hola de nuevo gente, aquí os traigo un nuevo relato pero este esta separado en dos partes, no me gusta cómo está escrito el final y quiero darle unos últimos retoques, espero que al menos la primera parte os guste tanto como me ha gustado a mí escribirla, disfrutadlo.



"La guerra no esta hecha para mí" pensó el asesino, mientras se limpiaba la sangre que le manchaba la cara. El resultado fue peor, ya que, sus manos estaban más manchadas que su rostro y lo único que consiguió fue convertir su cara en una máscara roja. Aferró con fuerza su espada corta y desenvainó su daga de compasión, llamada así por que se utilizaba para rematar a los caídos y, con un profundo gruñido, se lanzó de cabeza al grupo que batallaba delante suya.

Un poco mas allá se encontraba un clérigo, su hermosa armadura plateada chorreaba sangre del enemigo, su enorme martillo de batalla tenía restos de cabello y cerebro, a su alrededor estaban desperdigados los cadáveres de los soldados que habían intentado atacarle, el guerrero santo alzó su martillo y con una profunda voz entonó un cántico, del cielo, cayó un rayo que fulminó a gran parte de una escuadra de lanceros, dejando en el ambiente, el olor dulzón y nauseabundo de la carne quemada, acto seguido aplastó la cabeza de un sorprendido soldado, salpicando por todas partes una mezcla de sangre, huesos y materia cerebral, con una última sacudida, el cuerpo sin cabeza se desplomó.

Su armadura negra estaba abollada y su espada mellada, pero al caballero le importaba poco, una flecha había acabado con su montura. Tras acariciar el cuello de su caballo se levantó, bajó la visera de su casco y desenvainó su extraña espada, él decía que venía de los reinos de oriente y se llamaba katana, nadie sabía como la había conseguido, de lo único que estaban seguros era que estaba muy afilada, aunque no hiciesen, parecía cosa de brujería. El caballero avanzó por el campo de batalla soltando mandobles a diestro y siniestro al grito de “voy a regar esta maldita tierra con vuestra sangre”.

La batalla seguía su curso. Por toda la llanura se oían gritos de dolor y agonía, el campo estaba sembrado de muertos y la sangre vertida había convertido el suelo en un lodazal sangriento. Lentamente, una extraña niebla se fue alzando sobre los cadáveres, los combatientes no se dieron cuenta hasta que el velo blanquecino cubrió por completo el campo de batalla, los dos ejércitos se detuvieron, la niebla era demasiado espesa para seguir combatiendo y su cualidad extraña hacía que el sonido viniese de múltiples direcciones.

El clérigo apoyo una mano en la cabeza metálica de su martillo y musitó una plegaria, seguidamente golpeó con el mango en el suelo y un destello de luz apartó la niebla creando un círculo. Dentro de éste, se hallaban el asesino, el caballero y el clérigo, aparte de otros hombres más, todos ellos sorprendidos.

- ¿De dónde ha salido esta niebla? - preguntó uno de los soldados -.

- No lo sé, pero presiento que detrás de ella hay una terrible maldad – contestó el clérigo -.

– No salgáis del círculo hasta que sepamos a qué nos enfrentamos.

Nada más decir eso, comenzaron a oírse gemidos seguidos de sonido del metal chocar entre sí y terribles gritos de dolor. Los soldados de a pie se asustaron, todos eran campesinos y como todos sabemos, la plebe es muy supersticiosa. Al rato, dejaron de oírse gritos y comenzaron a llover flechas, muchos cayeron bajo ellas, los que no fueron alcanzados los absorbió la niebla, dejando únicamente una mancha de sangre y un horrible grito gorgoteante. ¡Que demonios estaba pasando allí!

Transcurrido un tiempo, la niebla desapareció dejando ver a un ejército de cadáveres andantes y allá a lo lejos, una silueta cubierta con un ropón negro cuya cabeza estaba cubierta por una capucha que ocultaba su rostro, nadie sabia quién era pero sí a qué se dedicaba: Un nigromante.

Los muertos avanzaron tambaleantes, cogiendo por el camino cualquier arma que se encontrasen. El asesino y el caballero se miraron, este último tendió su mano al otro.

- Ser Breom, señor de Killidian.

- Zak Drewnar – respondió el asesino estrechándole la mano -.

- ¿Drewnar? - preguntó Breom – No serás por casualidad el rey de los asesinos.

- El mismo.

Tras las presentaciones, apareció el clérigo por detrás de ellos y le ofreció un hacha al caballero y otra espada al asesino.

- Así que Zak ¿eh? - dijo despectivamente el clérigo – Sabes que aquí tus trucos con veneno no sirven.

- Oh,  no se preocupe, su brillante magnificencia – respondió burlonamente el asesino, mientras cogía desdeñosamente la espada que el otro le ofrecía, la sopesaba para dejarla caer al suelo acto seguido – No os lo toméis a mal santo varón, pero no estáperfectamente equilibrada.

Tras esta breve conversación los tres se aprestaron al combate...

CONTINUARA...



Escrito por: © Fabio Andre Nunes Batista.

miércoles, 1 de junio de 2016

Sacrificios:



Mi respiración se entrecortaba, la vista se me nublaba, me sentía exhausta y no sabía qué me estaba pasando, mis labios empezaron a temblar. Pasabas por mi mente constantemente, como si estuviera muriendo y viera mi vida pasar, lo que en mi caso, mi vida eras tan solo tú. Significabas tanto para mí que no bastaba tan solo una cena para seguir conociéndote como lo hacía, no bastaban esos abrazos de completa complicidad entre ambos, de esas miradas de apoyo y esas palabras de tranquilidad y certeza. Formabas parte de mí, compartíamos la misma sangre e incluso, el mismo espíritu cuando nacimos, hasta pensábamos igual, una misma raza, una misma certeza y una misma enseñanza, no podía ser mejor, ¿verdad?

Los recuerdos venían a mi mente justo en ese momento en el que me sentía atrapada dentro de mi cuerpo, en ese momento de agonía y desesperación. Tú estabas sentado a mi lado en la cama, sonriéndome por algo que yo había dicho, por alguna tontería que se me debió de ocurrir en ese momento y que tú le encontraste la gracia que otros no encontraron, era curioso cómo me hacías de feliz.

- No deberías sentirte así, no eres extraña ni alguien que provenga de otro planeta tan solo por pensar distinto, siempre serás Leila para mí - me acariciaste el cabello suavemente, con dulzura para mostrarme el cariño que sentías hacia mí. A lo cual, yo sonreí -.

- Tan solo quiero ser normal, sentirme normal - te dije desesperada, cogiéndote la mano fuertemente, debido al miedo que sentía por aquello que me había regalado el destino de nuestra raza -.

- Lo eres para mí - dijiste, intentando tranquilizarme y dándome un beso en la frente en signo de protección, lo cual, agradecí -.

Entendías en todo momento lo que me iba a ocurrir, sabías que los dioses iban a sacrificarme para sus propios beneficios, para poder obtener la magia que había en mi interior, que a mi edad ya empezaba a florecer. Nunca supe tu intención verdadera hasta que lo hiciste, por ello, me diste ese beso en la frente, por eso ese abrazo que me apretaba hasta las costillas y me dejabas sin respiración, por eso te fuiste. Era el momento, justo en el altar de sacrificios donde moriría para tener una magia más fuerte y potente, lo que no sabían ellos es que ibas a interponerte, ya que, sabías perfectamente que todas las brujas que habían muerto jamás habían vuelto y los dioses absorbían todos sus poderes dejándolas muertas y desamparadas en la oscuridad del otro lado. Te sacrificaste para que fuera yo quién absorbiera los poderes de los dioses, era una forma de canalizar energía y terminar con ellos para que dejaran de hacer daño a nuestro aquelarre, el cual, todavía permanecía ciego a lo que hacían con ellos.

Para mí has sido una gran perdida, y francamente, te echo de menos. Eras mi familia, mi hermano de sangre y una parte tan grande de mí que hasta dolía. Nunca me contaste lo que ibas a hacer porque querías protegerme y no querías que me preocupara, lo único que me prometiste fue que lo arreglarías, que no haría falta que yo tuviera que morir, pero jamás imaginé que serías tú quién lo hiciera, que lo harías por mí... Formabas parte de mi respiración, me ayudabas a canalizar mi aire, mi magia e incluso, me ayudabas a desahogarme por todo aquello que acontecía en el aquelarre de brujos, ya que, sabes perfectamente que hay muchas cosas que no se saben, muchas cosas que esconden y muchos de los participantes son algo ignorantes debido a que son sacrificados por los dioses mismos, por sus propios intereses sin importar nuestras vidas en absoluto.

Volví en sí, después de aquel entrecortado momento, mis ojos volvieron a la normalidad y pude ver con total claridad, mis labios dejaron de temblar y me encontraba en uno de los barrios del Bronx algo peligrosos, pero en el cual, tenía que andar por allí debido a que mi trabajo estaba a la otra punta de la misma. Me había quedado paralizada allí, mirando el suelo mientras había pasado por aquel mal trago, por aquel momento en el que me ahogaba, algo que me pasaba frecuentemente desde que adquirí toda la magia de los dioses y acabaron siendo desterrados, de hecho, me gustaría que estuvieras aquí para ayudarme a sobrellevarlo. Te preguntarás por qué estoy en la Tierra y no en el lugar donde nacimos que, como bien sabes, es el planeta al que pertenecíamos, un lugar muy verde y mágico, muy cómodo y lleno de amor y solidaridad entre todos los vecinos; pues bien, no me encuentro allí por lo que pasó con los sacrificios y, después de tu muerte, no quise volver y menos sabiendo que nuestros familiares estaban involucrados en los mismos, era imposible aceptar algo así por mi parte.

Llegué a mi trabajo, un lugar algo ajetreado, bastante estresante y un lugar lleno de comida basura, algo no muy saludable para los humanos; no te habría gustado. Estaba algo mareada por lo ocurrido unos momentos antes, pero fui al vestuario para cambiarme y ponerme ese horrible gorro de hamburguesa y esos pantalones que eran de lo más extraños y que no combinaban con la gorra. No me gustaba este trabajo, pero es algo que debía hacer para ayudarme a seguir adelante y poder vivir bien en un lugar del que no conozco gran cosa y un planeta que vive del dinero, por lo que, a cualquier sitio que voy he de pagar. Me di cuenta de que había alguien en el vestuario, mirándome desde la oscuridad, totalmente escondida, quizá esperando que no la viera, o dudando de si quería que lo hiciera o no. Una niña pequeña de mi misma raza quizá salió de entre los muchos armarios que había en aquellos vestuarios para guardar toallas y varios de los utensilios utilizados para la limpieza. 

- ¿Kerli? - le pregunté sorprendida, no sabía qué estaba haciendo allí y cómo había venido siendo tan joven, tan solo tenía quince años - ¿Qué estás haciendo aquí?

- Necesito tu ayuda - me dijo asustada. Sabía qué iba a decirme, estaba en la misma situación que estuve yo unos tres años atrás - Quieren que me entregue a los dioses dentro de tres días, no estoy segura de qué van a hacerme.

- No puedes volver a allí - le exigí al instante - Vas a quedarte conmigo en mi piso, está a unas manzanas de aquí.

La cogí del brazo y me la llevé dejando el trabajo en el acto, no podía permitir que sacrificaran a una chica tan joven y con tanto futuro con la brujería, era muy lista y tenía muchas ganas de aprender, incluso podría enseñarle yo. Nada de ésto no tuvo futuro, ya que, algunos de los que buscaban a Kerli estaban esperando en mi casa, finalmente me habían encontrado... Mis ojos se abrieron de par en par al ver a aquellos dos hombres de piel azulada que venían a por mí, que buscaban a la joven para sacrificarla, de hecho, sabes perfectamente quiénes son.

- Tienes que venir con nosotros, te lo exigen los dioses - dijo uno de ellos, alguien al que algún día conocí pero que dejé de hacerlo cuando se quedó en aquel planeta haciendo caso omiso a lo que nos hicieron a todos los jóvenes por culpa de los dioses - No tienes elección.

- Sí la tiene - respondí con convicción - No vais a llevárosla - les dije, poniéndome justo delante de ella para protegerla de ellos -.

- Sabes que no, Leila - levantó la mirada hacia mí para captarme en su red de mentiras - Ya sabes cómo terminó tu hermano.

- Ni se te ocurra nombrarle, sabes lo que se hace en los sacrificios - respondí enfadada - No tienen derecho a hacerles ésto, ¡tan solo son niños!

- Sabes que voy a pasar por encima de ti para llegar a ella, no me obligues - ignoró lo anterior, por supuesto, estaba totalmente cegados por sus mentiras - Apártate.

Mi negativa dio lugar a un intercambio de luces con una fuerte intensidad, ambos peleábamos mediante fuertes ráfagas de magia, normalmente negra. Terminé llena de cortes, exhausta y sorprendida de los poderes tan fuertes que les habían proporcionado a aquellos súbditos de los dioses. Tuve un momento de debilidad, un momento en el que te volvía a recordar, sentado a mi lado mirando uno de los mares más extenso de nuestro planeta, tan solo hablando de cosas que hacían que te quedaras junto a mí.

- Eres muy fuerte, podemos solucionar ésto - me dijiste con total condescendencia - Sabes que yo siempre estaré a tu lado pase lo que pase, justo aquí - me tocaste el pecho y me diste un beso en la mejilla, siempre lo recordaré -.

- Lo sé - te sonreí complaciente - Siempre estarás conmigo.

Aquellos recuerdos formaron parte de una oscuridad que se atenuaba conforme pasaban los minutos, que en estos momentos, eran bastante lentos. Antes de desaparecer el plano terrenal, le dije a Kerli que no se dejara llevar por ellos, que iban a sacrificarla y que lo que debía hacer era absorber todo el poder que pudiera ahora que yo me había convertido en el sacrificio. 

Por fin volví contigo, dejando de huir, dejando de torturarme por aquellas cosas de las que me condenaron, aquella culpabilidad que siempre florecía cuando te recordaba, recordando tu sacrificio. Estarás realmente enfadado al verme junto a ti en el lugar donde pertenecíamos los brujos que moríamos, un lugar sagrado en el más allá. Al menos, había una sola cosa en la que no nos habían mentido, al menos una realidad dentro de tanta mentira...


Escrito por: © Laura Perelló Sanz.

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